Miedos vs Esperanza

En principio este post iba a ser sobre los miedos en el embarazo y en los primeros meses de vida, sobre todo en el primer hijo.

Miedos normales que todas las madres hemos sentido, sentimos y sentiremos. Posibles complicaciones en el embarazo, o malformaciones del feto, miedo al parto, etc. Y una vez ha nacido, los miedos se centran en sus cuidados: ¿lo estoy haciendo bien? ¿Por qué llora? ¿Por qué no duerme? ¿Gana suficiente peso?

Durante varios días estuve pensando cómo darle forma al artículo y como siempre pasa, pensar demasiado tiene consecuencias catastróficas.

Basta un mínimo de interés por estar medianamente informado de cómo va el mundo para que todos estos miedos que he enumerado sean devorados por uno mucho mayor que lo abarca todo: miedo por nosotros, por nuestros hijos y por los hijos que vendrán… si es que sigue existiendo un lugar donde venir.

Hemos creado un monstruo que nos está devorando: el plástico. Y no sabemos cómo deshacernos de él. Invade mares y ríos, destruye fauna marina y nos viene devuelto. Un reciente estudio de la universidad de Newcastle en Australia encargado por WWF ( Worrld Wildlife Fund) ha descubierto que nos estamos tragando literalmente una cantidad de plástico equivalente a una tarjeta de crédito semanalmente, plástico que llega a nuestro organismo principalmente por el agua, mariscos y pescados y la sal.

Marco Lambertini, director general de WWF insiste “que estos hallazgos deben servir como una llamada de atención a los gobiernos apelando a una acción global y urgente.”

Por otra parte, en el plano alimenticio nos matamos lentamente con alimentos ultra procesados, conservantes químicos, carnes adulteradas, pescados contaminados y como invitado de honor, omnipresente en absolutamente todo lo que comemos, los azúcares y sus derivados.

Hace poco se declaraba a las abejas como el ser vivo más inteligente; y como muchas otras especies está en peligro de extinción. Y ninguna por causas naturales. O sí. Se extinguen – naturalmente – a causa de nosotros los humanos.

Eliane Brum, escritora y documentalista,  publicó un artículo en El País contando que los niños y adolescentes de ahora son la primera generación sin esperanza. Entre otras cosas contaba: lo que me parece más fascinante de esta época: la que quizá sea la primera generación sin esperanza. A la vez, también es la generación que ha roto el sopor de este momento histórico marcado por adultos infantilizados, que alternan la parálisis y el automatismo, también en el acto de consumir. Al romper el sopor, esta generación ha dado esperanza a la generación de sus padres. El impasse en torno a la esperanza revela el impasse entre la generación que ha llevado al paroxismo el consumo del planeta —la de los padres— y la generación que vivirá en el planeta agotado por sus padres.”

Quizá ha llegado el momento de dejar de tener esperanza y ponernos a actuar; quizá ahora sea mucho mejor el miedo que la esperanza. Con el miedo reaccionas, mientras que con la esperanza solo esperas.

Perdamos toda esperanza y quizás nos salvemos

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